Entre ellas destaca la Constitución de Paz y Tregua del obispado y condado de Vic, proclamada por Oliba en el año 1033 —de la que se conserva una copia contemporánea del siglo xi en la Biblioteca de Cataluña — y la celebrada en la catedral de la Santa Cruz de Barcelona, fechada entre 1063 y 1064, impulsada por los obispos de Barcelona, Vic y Gerona por mandato de los condes de Barcelona, Ramón Berenguer I y Almodis.
La defensa del Estado de derecho
Enraizado en la tradición del derecho romano, el Estado de derecho garantiza la igualdad y la justicia, poniendo límites al ejercicio arbitrario del poder. Este principio está reflejado en documentos fundacionales como la Carta Magna inglesa (1215) y en instituciones modernas como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. En Cataluña, las Constituciones de Paz y Tregua de Dios, promulgadas desde el siglo xi, constituyen una aportación pionera a esta evolución.
Estas normas, concebidas para regular la violencia y fomentar la convivencia, fueron recordadas por Pau Casals en su discurso «I am a Catalan» en Naciones Unidas en 1971, cuando destacó: «Fue en mi país donde hubo las primeras naciones unidas [...], en Toluges, para hablar de la paz, porque los catalanes de aquel tiempo ya estaban contra la guerra.» Este compromiso con la paz y la libertad por parte de Pau Casals también se refleja en su carta que dirigió presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, escrita desde Prades, donde expresa su dolor por el apoyo a la España franquista y la defensa catalana de los valores de libertad y dignidad humanas. Las Constituciones de Paz y Tregua no solo anticipan la idea de gobernanza basada en la ley, sino que conectan con el espíritu de paz y justicia que define el proceso de construcción europea.

