Este incunable, una crónica universal que narra la historia desde la creación hasta la Edad Media, combina texto y grabados para transmitir conocimiento histórico. Compilado por Hartmann Schedel, su estructura visual lo convierte en un documento pedagógico fundamental para la cultura medieval.
Las páginas del documento representan ciudades, reyes y acontecimientos bíblicos, grabados por Michael Wolgemut a imitación de la estética de los manuscritos iluminados. Estos grabados no solo decoraban, sino que también facilitaban la comprensión de los relatos para un público con diferentes niveles de alfabetización.
Producido antes de 1501 en Núremberg por Anton Koberger, este incunable refleja la visión medieval del tiempo y el poder, con una narrativa que legitima el orden político y religioso. Su impresión contribuyó a la difusión masiva de conocimiento en toda Europa.
A pesar de ser un producto de imprentas europeas, la llegada de este tipo de incunables a Cataluña impulsó la cultura impresa en ciudades como Barcelona. Estos libros, con sus grabados detallados, fortalecieron los vínculos culturales con los grandes centros de impresión continentales.
El Registrum es una fuente esencial para entender la percepción medieval del mundo, combinando historia, religión y arte. Su conservación, como ejemplar impreso en 1493, permite estudiar cómo se construía y se transmitía la memoria colectiva en la Europa del siglo XV.